Sobre el 30 aniversario de la Constitución…
Hoy se celebra en nuestro país el trigésimo aniversario de la proclamación de la Constitución; lo oímos anualmente en diciembre. Yo quisiera hablar hoy del tema, que tan importante lo hacen ver nuestros queridísimos medios de masas.
Para empezar, en la historia de España, hemos tenido varias constituciones desde la de Cádiz de 1812 hasta la de hoy (de 1978), y otro montón de textos constitucionales e intentos de ello (en total, más de 10: ver en Wikipedia).
El estudio de cualquier Constitución en la historia es al menos tan interesante como el de la actual. Intentemos hacer memoria juntos:
“Comenzamos en 1812, reinaba Fernando VII, aunque se exilia en Francia durante la guerra de la Independencia contra los franceses. Las cortes se trasladan de Madrid a Sevilla y de ahí a Cadiz, por el imparable avance enemigo. En un marco histórico único (se juntan afrancesados, constitucionalistas, ilustrados, absolutistas y liberales para la redacción del texto) se redacta la que fue nuestra primera constitución. Aquí nace el concepto de “Estado” venido de francia, y que se basaba en los tres pilares fundamentales en los que lo hizo la Revolución Francesa: Igualdad, Fraternidad y Libertad. Nace el liberalismo y se fragua en ésta etapa histórica, aunque a trompicones, pues la oposición absolutista fue tenaz (Fdo VII y los Cien mil Hijos de San Luis de la Santa Alianza). El liberalismo, es una doctrina política que propugna el abandono del Antíguo Régimen, la reparación de poderes, la declaración de derechos del ciudadanos, y todo ello recogido por escrito en la constitución. Entre la viuda de Fdo y su hija Isabel II, España tornará despacio hacia un liberalismo moderado y violento que agitará España hasta la Revolución “Gloriosa” de 1868. Aunque ya en Francia había estallado una serie de pensamientos en 1789, en España, todavía no se admitían. Convivían niveles de evolución mental muy diferentes.
La siguiente que quiero destacar es la Constitución de 1845, redactada por el Gral Narváez, excluyendo a la oposición en su labor. Fue una monarquía constitucional, sí, quizás la primera estable, pero de corte conservador y claramente centrísta (en sentido administrativo, no ideológico). Éste modelo era arcaico, y cometió casi todos los defectos del novato. También ésta fue una época turbulenta, muy agitada y violenta. Tiene en común con la anterior que también tienen dos bandos: antes absolutistas y liberales; y en esta nueva época moderados y liberales (aunque se expresan otras ideologías que intentan ignorarse: federalistas, republicanos, demócratas…). Nos encontramos en plena ebullición de las Revoluciones Burguesas Liberales europeas: 1820, 1830, y 1848. Ésta última afectó profundamente a España y se expresó de tres formas distintas: la del Gral. moderado O’Donnel descontento con los moderados en el poder, la de los progresistas que pretendían democratizar el sistema (y fueron excluídos), y la del pueblo que reivindicaba pan, libertad y derechos. La revolución del 48 se tradujo en la ultraconservadora Reforma Constitucional de Bravo Murillo en 1852. Seguían coexistiendo en el espacio y tiempo diferentes enfoques políticos: los que creían que el rey debía someterse a la voluntad del pueblo a través de sus representantes y los que defendían que el rey siempre había tenido mayor poder y no había de cuestionarse ésta autoridad, aunque no fueran totalmente absolutistas.
La siguiente a señalar es el Proyecto Constitucional de la Primera República en 1873, tras la abdicación de la reina y posteriormente de Amadeo I. Fue la primera laica y que intentaba modernizar el país tal y como lo estamos conociendo hoy: ley de matrimonio y divorcio, reglamento de instrucción pública, sin censura previa y con derecho de reunión y expresión, así nacen los sindicatos.
Y por último llegamos a la última vigente, la Constitución de 1978, vigente bajo el reinado de D. Juan Carlos de Borbón y los gobiernos igualmente bipartidistas del Partido Popular y el PSOE. Si guardan un importante denominador común, es el del incumplimiento de la base de los textos, por no mencionar el bipartidismo antidemocrático que caracteriza un sistema fraudulento desde el sistema electoral propuesto por Cánovas del Castillo, basado en el clientelismo, nepotismo, favoritismo y corrupción que hizo caer al mismo sistema después de escándalos de pucherazo electoral.
Pero no todo acaba aquí. Tras la segunda guerra mundial, las potencias se dieron cuenta sólo a posteriori de lo que eran capaces de hacer (de destruir) y vieron necesario crear, además, un texto de carácter internacional para proteger lo que denominaron “Derechos Humanos”, siendo éstos más básicos que todo lo que recogían los anteriores textos.
He aquí el verdadero motivo que me empuja hoy a escribir: nunca se han respetado, pues cualquier guerra los vulnera, cualquier conflicto. Organizaciones no gubernamentales han sido las únicas en luchar por su cumplimiento, cuando son los estados quienes firmaron hacerlo y es a las ong’s a quienes les debemos el agradecimiento. Por supuesto que no voy a entrar en detalle de cómo se incumple cada artículo de cada constitución, pero sí pondré tres únicos ejemplos:
Derecho a la igualdad: todo sin techo, sin comodidades, sin trabajo o sin amigos tiene el mismo derecho que el más poderoso a vivir en un palacio, con el mismo trato.
Derecho a la libertad: todo aquel que quiera expresar su opinión debería ser escuchado y tener cabida en el sistema. Por importante que sea tu aportación, no te dejarán ni ser espectador en el sistema.
Derecho a la fraternidad: basta con que salgas a la carretera o que enciendas la tele y observarás qué poco fraternal es la sociedad. Diseñada para crear individualismo y estrés, diseñada en definitiva para recibir y no para dar.
Mientras no se cumplan estos 3 legítimos derechos básicos, no tiene sentido celebrar nada, sobre todo cuando hay otros tantos tratados internacionales más básicos todavía que no sólo no se cumplen, sino que se justifica tras el 11-s que la guerra sea preventiva (contradictorio), y que exista la presunción de culpabilidad, no contra militares, estados o frentes, sino contra el ciudadano ordinario, osea, contra todos, incluídos ellos.
Esto no quiere decir que no esté orgulloso de la evolución humana y política de la historia del planeta y de España, pero también es penoso que haya habido tanto sufrimiento innecesario por parte de tantos millares de almas que sólo querían la misma igualdad que el poder disfrutaba, y lo que quede.
Hoy, con la supuesta democracia hay mucho que decir, por ejemplo, que la mayoría de derechos se han convertido en negocios por el mismo estado que debería oponerse y defender a sus ciudadanos (como la vivienda, la sanidad, la educación o las empresas públicas), pero este tema es motivo para hacer otro día otro post.


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